16.11.2007 Guatemala

Niñas, niños y adolescentes trabajadores son violentados rutinariamente

Guatemala |  Tema: Huellas

Más de 5 millones de niños, niñas y adolescentes trabajan en América Latina, y muchos de ellos sufren diferentes tipos de violencia en los lugares de trabajo, según el “Estudio mundial sobre violencia contra la niñez” de las Naciones Unidas. El informe recomienda enfrentar esta problemática promoviendo una política de cero tolerancia a la violencia contra los niños y niñas que están trabajando, así como el acceso universal a la educación básica y el fin del empleo de niños y niñas en las peores formas de trabajo infantil.

El informe destaca que de todos los lugares donde la niñez está expuesta a la violencia, el trabajo es uno de los más difíciles de tratar, ya que de hecho los niños y niñas de menos de 14 años de edad no deberían trabajar, según la legislación internacional.
Sin embargo, de acuerdo a un estudio realizado por la OIT en 19 países de América Latina, casi el 10% de toda la población de 5 a 17 años realiza labores en las peores formas de trabajo infantil, donde la violencia es rutina. “La OIT defiende la acción para combatir la violencia contra niños y niñas en el trabajo con tolerancia cero. El trabajo infantil y la violencia en el trabajo no son la misma cosa, pero es necesario eliminar ambos. La violencia en el trabajo es inaceptable, se trate de niños y niñas, adolescentes o de adultos”, destacó la directora para América Latina y el Caribe de la OIT, Isa Ferreira.

En este sentido, la mayoría de los países de América Latina ha ratificado los Convenios 138 y 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que establecen la edad mínima de admisión al empleo y las peores formas de trabajo infantil, respectivamente.
El estudio de Naciones Unidas indica que existe muy poca información sobre la violencia contra los niños y niñas en los lugares de trabajo, especialmente de aquellos que se encuentran en la economía informal, donde está la mayoría de estos trabajadores. Destaca además que el tratamiento de la violencia ha estado ausente en los esfuerzos para eliminar el trabajo infantil.

Advierte que a pesar de que la respuesta más obvia a la violencia contra la niñez en los lugares de trabajo es sacarlos de allí, es importante reconocer que para muchos niños y niñas esta no es una opción fácil. Las respuestas deberían tratar simultáneamente las causas por las cuales los niños y niñas trabajan –económicas, sociales y culturales–, así como las expectativas y perspectivas de sus familias, ya que si no lo hacen, simplemente ellos volverán a la labor.

El estudio subraya además que es importante no seguir violando el bienestar de los niños y niñas que trabajan criminalizándolos o estigmatizándolos por circunstancias que están más allá de su control. A continuación presentamos los principales apartados del capítulo “Violencia contra la niñez en los lugares de trabajo” del informe de las Naciones Unidas.

Naturaleza y extensión del problema
Las estadísticas existentes sobre violencia de acuerdo al grupo de edad de trabajadores son escasas. En los lugares de trabajo regulados donde los trabajadores jóvenes están legalmente empleados, los códigos de seguridad y los estándares se aplican. Sin embargo, pueden no estar protegiendo adecuadamente a los trabajadores jóvenes, ya que pueden ser renuentes a reportar los casos de violencia contra ellos. Pero donde el empleo está por debajo de la edad mínima y es ilegal, es menos probable que se reporten los incidentes.

Las encuestas sobre trabajo infantil muchas veces no recogen la información sobre la violencia contra los niños y niñas en los lugares de trabajo. Falta información sobre los niños y niñas que son explotados en la economía informal, mientras los riesgos aumentan enormemente. A pesar de que algunas organizaciones no gubernamentales han realizado exámenes cualitativos entre grupos relativamente pequeños de niños y niñas trabajadores en ocupaciones “peligrosas” o propensas a la violencia, estos lugares de trabajo son notoriamente difíciles de investigar.

Respuestas a la violencia contra niños en los lugares de trabajo
La violencia como un problema específico no ha tenido mucha atención de parte de los programas relacionados al trabajo infantil. Un reto que surge del estudio de Naciones Unidas es hacer que la violencia contra niños y niñas en los lugares de trabajo sea un tema más visible, y darle una prioridad más alta entre quienes elaboran políticas públicas.

No hay ninguna experiencia en tratar el abuso y la violencia dentro de muchos programas existentes relacionados al trabajo infantil. La mayoría de ellos tienen múltiples objetivos, tratando causas económicas y culturales, la promoción de la educación y ocupaciones alternativas, movilización social sobre las necesidades de los niños y niñas y sus derechos, y abogacía para cambiar actitudes hacia la aceptación del trabajo infantil. Dentro de tales programas, la violencia contra los niños y niñas en los lugares de trabajo debería ser mejor investigada y tener mayor atención.

Las respuestas apropiadas van a depender en un grado considerable en diferencias claves relativas a la naturaleza del trabajo o del lugar laboral, y por ende de la violencia en ellos.

En los casos donde la violencia es un componente integral de la naturaleza peligrosa y explotadora del trabajo, tratada en el Convenio 182 de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil, los niños y niñas no deben estar en el lugar de trabajo. Por ende, la principal respuesta va a ser permitirles dejar esas actividades y tomar un nuevo curso en sus vidas, con el apoyo de su familia, la sociedad y el Estado. Esto requiere un acercamiento multisectorial, incluyendo medidas para combatir la pobreza, promocionar la educación y reforzar los reglamentos laborales.

Cuando el trabajo se desarrolla en ambientes informales, donde no hay un “empleo” en un sentido contractual, y donde el lugar de trabajo no es fácil de acceder o se realiza en las calles y espacios abiertos, la necesidad inmediata de los niños y niñas de protección de la violencia puede ser mejor tratada por programas que provean servicios como albergues y centros, educación no formal, desarrollo de habilidades para resistir acosos sexuales, actividades sociales deportivas y de recreación, y oportunidades para adquirir calificaciones para continuar los estudios.

En los casos donde los niños, niñas y adolescentes están trabajando legalmente, ya sea porque tienen trabajos ligeros o están por encima de la edad mínima legal de empleo, y cuando enfrentan violencia de los empleadores u otros trabajadores, los esfuerzos pueden dirigirse a aumentar su protección y reducir sus vulnerabilidades y riesgos.

Los esfuerzos dirigidos a sacar a niños y niñas de los lugares de trabajo explotadores necesitan ser acompañados por medidas que eliminen las razones económicas y sociales por las que ellos trabajan; si no, terminan muchas veces en más situaciones informales peligrosas.
Así, el rango de intervenciones requeridas incluye:
- medidas de refuerzo y legislativas, de acuerdo al marco internacional establecido por la Convención sobre los Derechos del Niño y los convenios de la OIT; establecimiento de reglas del lugar de trabajo, inspectorías y fuertes sanciones legales contra el empleo de trabajadores por debajo de la edad mínima; y medidas enérgicas sobre las actividades criminales que involucran a niños y niñas, incluyendo su rehabilitación;
- esfuerzos programáticos con familias y comunidades para reducir la necesidad y la probabilidad de que las familias envíen a sus hijos a trabajar, incluyendo medidas preventivas como reducción de la pobreza, apoyo familiar, becas escolares o disminución de las tasas educativas, así como acceso universal a servicios básicos, sobre todo educación de calidad;
- intervenciones para responder directamente a la necesidad de los niños y niñas trabajadores de ser sacados de los lugares de trabajo que los exponen a la violencia, peligro o explotación, dirigidas a empleadores, familiares, líderes comunitarios y funcionarios públicos;
- abogacía y movilización social de la sociedad civil para promover el derecho de los niños y niñas a no ser tratados con violencia en los lugares de trabajo, y para que todos los niños y niñas tengan acceso a educación de calidad y a ser preparados apropiadamente para una futura vida laboral libre de explotación y abuso.

La participación de los niños
Uno de los pasos más importantes para permitir que los niños y niñas salgan por sí mismos del trabajo explotador y el abuso en los lugares de trabajo es facilitar su participación en los programas desarrollados y realizados para su bienestar. La participación no debería consistir solamente en consultas sistemáticas a los niños, niñas y sus familias desde la etapa de recolección de datos a la implementación del programa, sino también deberían incluirlos para usar sus propias fuerzas. Esto incluye organizar sus propias actividades programáticas, como impulsos para sacar a los niños y niñas de los lugares de trabajo explotadores como también abogar por ellos. Las actividades de participación pueden ser usadas para aumentar su conocimiento de la violencia a la cual esos niños y niñas pueden ser sujetos.

En varios ambientes las organizaciones han ayudado a trabajadores infantiles y a niños y niñas que no trabajan a desarrollar sus propias organizaciones, a través de las que buscan mejorar sus vidas, aprender habilidades y educación, disfrutar deportes y programas culturales y realizar actividades sociales útiles. Algunos se han convertido en sofisticados activistas: los movimientos de trabajadores infantiles han formado una red internacional, y estuvieron representados en la Cumbre Mundial de la Niñez de Naciones Unidas, de 2002. Muchas de estas organizaciones proveen a los jóvenes una oportunidad de desarrollar y demostrar cualidades de responsabilidad social, llevando la delantera en temas como empleo ilegal de trabajadores por debajo de la edad mínima, abuso de alcohol en las comunidades, cambios en las leyes para proveer a los trabajadores jóvenes mejor protección contra el abuso sexual, rescatar a trabajadores domésticos de hogares abusivos y persuadir a los empleadores a dar a sus trabajadores adolescentes tiempo para estudiar y recrearse.

Las oportunidades creadas por las organizaciones de niños y niñas permiten a los participantes ganar confianza, autoestima, liderazgo y habilidades sociales, una mirada más amplia del mundo y un sentido de su propio potencial dentro de él. Estos atributos son esenciales para superar el profundo sentido de inferioridad sentido por muchos niños y niñas en situaciones violentas o abusivas. Estos y otros grupos comunitarios proveen un vehículo para los cambios de actitud de los niños y niñas, las familias y comunidades que permiten que los niños y niñas dejen el trabajo y en vez de eso vayan a la escuela. En algunos ambientes, la pobreza cubre el hecho de enviar a los niños y niñas a trabajar, lo cual se diluye cuando la alternativa de ir a la escuela es reforzada socialmente y apoyada por la comunidad.

Intervenciones dirigidas
Desarrollar acciones sobre la violencia contra la niñez, particularmente en las peores formas de trabajo infantil, requiere la integración de intervenciones programáticas prácticas con abogacía, y ambas acciones con recolección de datos. Una variedad de acercamientos es posible, dependiendo del tamaño y tipo de la organización que realice la acción, y la situación a la que está respondiendo.

Muchas organizaciones no gubernamentales, respondiendo a una necesidad emergente como proveer abrigo para niños y niñas fugitivos seriamente abusados y traumatizados, empiezan con un proyecto de pequeña escala como un centro, y basan en eso el desarrollo de su servicio, la recolección de datos y la abogacía. Cuando pueden desarrollar una gama de servicios importante, pueden también proveer asistencia legal para niños y niñas trabajadores abusados para llevar a sus empleadores a la justicia. Existen libros con principios de buenas prácticas para intervenciones de programas de contextos de peores formas de trabajo infantil como el trabajo infantil doméstico. Estas intervenciones constituyen en gran parte la prevención secundaria, respondiendo a la violencia como y donde ocurre.
En contraste, los programas de mayor escala iniciados por organizaciones internacionales muchas veces incluyen medidas de prevención primaria para impedir la violencia antes de que suceda.

El trabajo explotador y las leyes internacionales
La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada en 1989 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y ratificada por todos los países de América Latina, contiene un artículo específico relacionado al trabajo. En él reconoce “el derecho del niño a ser protegido de la explotación económica y de realizar cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”. El artículo además obliga a los Estados a “proveer una edad mínima o edades mínimas para la admisión al empleo”, entre otros aspectos para regular esta situación.

La noción de la protección a la niñez de la convención va mucho más allá de la no explotación, ya que cubre un número de derechos potencialmente en riesgo para la niñez trabajadora, como la protección contra la discriminación, el interés superior de la niñez, el derecho a la identidad, a acceder a la salud, a la educación y recreación.

En 1999 la OIT adoptó el Convenio 182 sobre las peores formas de trabajo infantil apuntando a las más peligrosas y explotadoras situaciones en las que la niñez se encontraba. El propósito fue reforzar el marco legal internacional de acción enfocando más ampliamente la mirada. El concepto de peores formas ayudó a establecer las prioridades globales, y dirigió la atención a los impactos del trabajo en la niñez así como en el tipo de trabajo que ella realiza. Las peores formas de trabajo infantil abarcan todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, el trabajo forzoso u obligatorio; la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños y niñas para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas; y la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños y niñas para la realización de actividades ilícitas.
 
Tomadas en conjunto, los Convenios 138 y 182 establecieron los límites de los tipos de trabajo que son inaceptables bajo los estándares internacionales.
La adopción del Convenio 182 creó un consenso entre los cuerpos internacionales y las organizaciones no gubernamentales sobre las prioridades para terminar el trabajo infantil, empezando con las peores formas.

Las leyes y su implementación
Los estándares internacionales guían la acción legislativa nacional sobre trabajo infantil. Solo dos países del mundo no han ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño y más del 80% de los niños y niñas del mundo viven hoy en países que han ratificado los dos convenios claves de la OIT. Esto refleja un fuerte consenso político y un nuevo momento significativo de acción urgente para eliminar la explotación laboral infantil. Muchos gobiernos han emprendido revisiones de su legislación, y han mostrado mayor resolución en tratar los muchos temas implicados.

Hay todavía grandes desafíos en convertir las leyes y códigos tradicionales relacionados al “trabajo” y “empleo” de conformidad con la ley internacional. Una acción importante a nivel nacional ha sido determinar la lista de ocupaciones peligrosas y tareas, y prohibirlas para todos los niños, niñas y adolescentes, como lo establece el Convenio 182. De todas formas, la atención de los gobiernos hacia el trabajo forzoso ha sido más modesta, y ha habido poca acción en mejorar la legislación contra el uso de niños y niñas involucrados en actividades ilícitas.

Un largo camino a recorrer
A pesar del compromiso creciente en los temas de protección de la niñez de parte del sistema de Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales desde el advenimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño, y el nuevo ímpetu para terminar con las peores formas de trabajo infantil desde la ratificación del Convenio 182, hay todavía un largo camino a recorrer.
Falta reconocer suficientemente la variada experiencia de violencia hacia los niños y niñas trabajadores y tomarla realmente en cuenta cuando se desarrollan planes y programas. Hay todavía una necesidad de dar un mayor peso internacional y nacionalmente a aquellas formas y situaciones de trabajo que son intrínsecamente peligrosas y violentas, especialmente aquellas que se desarrollan en lugares remotos, ilícitos u ocultos. También hay una necesidad de trabajar con sindicatos y organizaciones de empleadores para mejorar la protección de los miembros más jóvenes de la fuerza de trabajo regular, donde están enfrentando más riesgos que sus compañeros mayores.

Dentro de las organizaciones que trabajan para terminar con el trabajo infantil, puede ayudar a construir un renovado ímpetu para el cambio una mirada mejorada sobre la violencia que sufren los trabajadores infantiles.

“Es necesario eliminar tanto el trabajo infantil como la violencia en el trabajo. La eliminación de uno de ellos no justifica el otro: aún donde niños y niñas estén trabajando legalmente en línea con los niveles internacionales, la violencia en el trabajo debe ser erradicada y prevenida: aún cuando no haya violencia en el trabajo, un niño trabajador debajo de la edad permitida debe ser rescatado”, apuntó Isa Ferreira, directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe.

Sin embargo, existen varias personas y organizaciones que critican y cuestionan las posturas de la OIT sobre el tema, como el especialista peruano Alejandro Cussianovich, del Instituto de Formación para Educadores de Jóvenes, Adolescentes y Niños Trabajadores de América Latina y el Caribe (Ifejant). Básicamente, Cussianovich, quien tiene una gran trayectoria en el trabajo social con niños, niñas y adolescentes trabajadores, defiende el derecho de ellos a trabajar para salir de la pobreza y mejorar sus vidas, garantizando el acceso a la educación, la salud y una vida digna.

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